CONVENCIONES ARTÍSTICAS DEL ANTIGUO EGIPTO.


Javier Felices Maicas
Profesor de Dibujo y Educación Plástica y Visual.
I.E.S. Corona de Aragón. Zaragoza.


Índice

Introducción

Primeras Convenciones

La lógica del Arte Egipcio

El retrato

La Decoración funeraria

Bibliografía y enlaces

 

1. Introducción.

El mundo egipcio se desarrolla a lo largo de un periodo de tiempo muy extenso. Según Platón el arte egipcio no había cambiado en 10.000 años. Tal vez lo calificaríamos mejor diciendo que fue resistente y continuado, aun cuando a primera vista todo aquel arte entre 3000 y 500 a.C. tiende a mostrar un indudable parecido. El modelo básico de las convenciones artísticas, se formó a lo largo de los primeros siglos de aquel vasto período, y continuó reafirmándose hasta el final. No obstante sufrió crisis, que de haber sido tan inflexible como se suele suponer, le habría hecho sucumbir mucho antes de cuando finalmente lo hizo. El arte egipcio parece ser una alternancia entre el conservadurismo y la innovación, pero nunca permanece estático. Alguna de sus producciones tuvieron influencia decisiva sobre el arte griego y el romano.

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2. Primeras convenciones

Una primera convención a destacar y que marca en alto grado el carácter del arte egipcio es la condición absolutamente divina del faraón. No quedan apenas restos de las obras, diques y canales para controlar o regular las crecidas anuales del Nilo. Nuestros conocimientos relativos a la civilización egipcia se basan casi completamente en las tumbas y sus contenidos, ya que dichas tumbas fueron erigidas pensando en su eternidad. Esto nos conduce a una segunda convención. su obsesión por el culto a los muertos (punto de unión con su pasado neolítico). Para que el espíritu (ka) del muerto pudiera seguir disfrutando de su ambiente terreno se momificaba su cuerpo o si éste resultaba destruido, se colocaba una estatua junto con las cosas de que había disfrutado en este mundo. La tumba egipcia será una especie de inversión en tranquilidad espiritual hasta la aparición de la psicostasia, una especie de juicio, el peso de las almas. Sólo entonces descubrimos manifestaciones del miedo a la muerte.

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3. La lógica del estilo egipcio.

Un rasgo que ya se aprecia en la estela de Narmer, frente a la pintura mural predinástica, y que será otra de las grandes convenciones del arte egipcio, es el notorio sentido de orden. La superficie de las representaciones, se divide en bandas horizontales o registros, y cada figura se apoya sobre una línea o faja que indica el suelo. En el caso citado de la paleta de Narmer, las únicas excepciones son los guardianes de los animales de largo cuello, cuyo papel parece ser principalmente ornamental, los signos jeroglíficos que corresponden a un grado distinto de realidad y los enemigos muertos.

Se busca claridad, no ilusión; por eso en cada caso se procura dar la imagen más expresiva. Pero se impone a si mismo una regla estricta: cuando cambia su ángulo de visión, debe hacerlo en 90º, como si mirase a lo largo de las aristas de un cubo. En consecuencia reconoce sólo tres formas de representación: de cara, de riguroso perfil y verticalmente desde arriba.

Además se enfrenta con el hecho de que el personaje de pie no tiene, al contrario de lo que ocurre con la imagen de un animal, un solo perfil principal, sino dos concordantes, por lo cual, y en aras de la claridad, ha de combinar estas proyecciones. El procedimiento de que se sirve para lograrlo (procedimiento que se emplearía invariablemente durante 2.500 años), es el siguiente (p.e. la figura de Narmer): el ojo y los hombros vistos de frente; la cabeza y las piernas, de perfil. Probablemente se acudió a esta fórmula para representar al faraón (y a todos los personajes importantes que se mueven a la sombra de su divinidad) de la manera más completa posible. Y como las escenas describen rituales solemnes y, podríamos decir, intemporales, los artistas no tuvieron que preocuparse por la circunstancia de que su método de representar el cuerpo humano hacía casi imposible en la práctica toda clase de movimiento o acción. En realidad, la apariencia congelada de la imagen parece particularmente apta para expresar la naturaleza divina del faraón; los mortales ordinarios actúan, él se limita a ser.

Cuando es necesario describir cualquier actividad física que requiere esfuerzo o impulso, el artista egipcio no vacila en abandonar la proyección mixta si es preciso, porque dicha actividad corre siempre a cargo de subalternos, cuya dignidad no necesita ser mantenida. Por tanto el estilo egipcio de representación de la figura humana parece haber sido creado específicamente con el propósito de traducir en forma visual la majestad del monarca divino; debió ser obra de alguno de los artistas que laboraban en la corte. Y nunca se perdió su sabor sagrado de ceremonial, ni siquiera, cuando en tiempos posteriores, hubo de servir a otras finalidades aparte de las originarias.

La plenitud de la belleza del estilo descrito, no se manifiesta hasta la III dinastía, y especialmente durante el reinado de Djoser, donde las representaciones de los personajes son más equilibradas y armoniosas y la escultura de los pormenores físicos revela una aguda observación y una gran delicadeza de trazo.

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4. Los retratos.

Constituyen la gloria del arte egipcio, durante el periodo del Imperio Antiguo y después de él, las estatuas-retrato exhumadas de los templos funerarios y las tumbas. Una de las más perfectas es la de Khephren, procedente del templo del valle de su pirámide. Tallada en diorita muestra al rey en su trono, con las alas del dios Horus enmarcando la parte posterior de su cabeza. Aquí la visión cubista de la forma humana del escultor egipcio aparece en toda su fuerza: obviamente el escultor preparó la estatua dibujando en primer lugar su parte frontal y sus costados sobre la superficie de un bloque rectangular y trabajando luego hacia adentro hasta que ambos puntos de vista coincidieron. El resultado es una estatua de gran firmeza e inmovilidad tridimensional. El cuerpo bien proporcionado y de gran reciedumbre, es completamente impersonal; sólo la cara sugiere algunos rasgos individuales.

Figuras de pie y sentadas constituyen el repertorio básico de la escultura egipcia de bulto entero. A fines de la IV dinastía se introdujo una posición asimétrica y estática como las dos primeras: la del escriba sentado en el suelo con los pies cruzados. La más perfecta de estas estatuas data de comienzos de la V dinastía (ver la fotografía adjunta). Se desconoce el nombre del personaje representado en posición sedente (la escultura fue descubierta en su tumba de Saqqara). La figura representa a un alto funcionario de la corte, un maestro de letras sagradas ... y secretas, y el modo firme y rotundo de tratamiento de la forma revela la dignidad de su cargo (que en los primeros tiempos parece estuvo reservado a los hijos de los faraones). Nuestro ejemplo destaca no sólo por la expresión viva y despierta del rostro, sino también por el tratamiento individual del torso, que evoca el cuerpo un tanto lacio de un hombre que ha pasado la juventud.

Otra invención del Imperio Antiguo es el retrato de busto, destacando el mejor y más antiguo busto del príncipe Ankh-haf, de Gizeh (c. 2520), noble cabeza e imagen memorable de la personalidad del modelo.

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5. Decoración de tumbas.

Hay que destacar las escenas de la vida cotidiana representadas en las cámaras de las ofrendas de ciertas sepulturas no reales. En estos relieves, los personajes de la nobleza, se representan en la actitud característica de las estatuas y de los retratos funerarios, sobresaliendo por encima de los demás hombres ya que eran más importantes.

Acostumbran a ser escenas de caza, pesca, tareas agrícolas, etc. La representación del faraón, lo presenta en un característico papel pasivo. Diríase que se trata de una sutil manera de subrayar el hecho de que si bien el cuerpo está muerto, el alma vive y se da cuenta de los goces de este mundo, pese a que el individuo no puede ya participar en ellos de modo directo. Estas escenas no representan los pasatiempos predilectos del difunto, si lo hicieran, él miraría hacia atrás, y esta nostalgia es completamente ajena a la mentalidad de las tumbas del Imperio Antiguo. En efecto, se ha demostrado que estas escenas forman un ciclo estacional, una especie de calendario perpetuo de actividades humanas que se repiten constantemente y que el espíritu del muerto contempla año tras año.

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6 Bibliografía y enlaces

EGGEBRECHT, A.; El Antiguo Egipto, Barcelona, Plaza y Janés, 1987.

LECLANT, J.; Los faraones, 2 vols. El Universo de las formas, Madrid, Aguilar, 1979.

MICHALOWSKY, K.; Arte y civilización de Egipto, Barcelona, G.Gili, 1969.

ANDRAE, W.; Arte del Antiguo Oriente, Historia del Arte, Barcelona, Labor, 1933.

BLANCO A.; El arte egipcio, 2 vols. Historia del Arte, Madrid, Historia 16, 1989.

Enlaces

http://guardians.net./egypt/

http://fyl.unizar.es/historia_antigua/index.html

http://mistral.culture.fr/louvre/espanol.htm

http://www.idsc.gov.eg/culture/egy_mus.htm

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